lunes, 15 de marzo de 2010

ant- sig-

ADIÓS MARINERO


Estuve en Córdoba el domingo, en nuestro barsucho.
Llegó a las y treinta y cinco sin excusarse. Ya me había tomado un capuchino con dos medialunas saladas.
- ah, ya has merendado?
- (sonreí asintiendo con la cabeza)
Sacó veintitres pesos de su billetera que depositó sobre la mesa y me invitó a abandonar el lugar tomándome de la mano ( me gusta que me tomen de la mano). Estaba algo desalineado pero lindo. Los hombres de bermuditas me encantan. Parecen marineros.
La cita duró una media hora. En el medio del caminito soleado, pasando por otro bar, se tentó con un partido y ahí muy resueltito me dijo:
- me quedo aquí.
y me quedé desorientada como en pausa corporal sin reaccionar. Cuando pude ver la situación, él ya estaba sentado con sus piernotas separadas, agarrándose las manos y mirando los hombrecitos rojos que corrían.
Volví a casa. Y me quedé pensando: Miguel es uno de los pocos que no enfila para un hotel, que tampoco intenta besarme, ni tocarme, ni conocerme, ni acompañarme a mi casa.

No pude decirle nada.

2 comentarios:

  1. un pabote este chabón, entretenida la cita jajajaj

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  2. donde mierda tenés tu autoestima zurita , no podés aguantar a este pibe que te hable de artes marciales, por lo poco que se ve no muestra ser muy atlético que digamos, insoportable, en la cama te habla igual?

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