jueves, 27 de mayo de 2010


MILONGA DEL ANGEL

No creí que el tango era también para bailar hasta que un hombre, demasiado perfumado y arreglado para las cuatro de la tarde, se acercó y, sin dejar pasar con su mirada mi falta de atuendo milonguero, me tomó de la mano y me llevó a la pista. Y ahí quedaron mi taza con café con leche tapada con el platito ( para que no se enfríe) y las dos medialunas. Mientras, las zapatillas se me retobaban sobre el piso y mis ojos se perdían ante los brillos de las mujeres que apenas podían caminar pero que en el baile, se convertían en adolescentes, arriesgadas, confiadas en los brazos de cualquier hombre. Otras, ahí estaban cuando llegué y cuando me fui : sentaditas con las manos cruzadas sobre la mesa, como esperando...
Ángel fue el primer hombre que se animó a bailar conmigo en una milonga (La Ideal) y , quien generoso intentó trasladarme (sin precio alguno) todo lo que sabía en cuanto a baile. Su tarjetita no se donde la habré extraviado pero lo presentaba como "El Ángel del Tango".
Este es mi homenaje esté donde esté (hace muchísimo que no lo veo) . No olvidaré mi comodidad entre su abrazo, ni su voz, ni sus consejos técnicos, ni su aliento a mentol, ni su porte robusto de bailarín compradrito ni su calidez, ni sus plantas, ni cómo le gustaba la tanda de vals, ni un "bon o bon" que una mañana me regaló. GRACIAS.
PD: de más está decir que si alguien llegara a conocer de quien hablo, me mande algún dato sobre sus actuales parajes milongueros.

lunes, 17 de mayo de 2010

Que falta que me hacés

Me saca, me desarma, me desgarra, me incomoda, me sacude, me libera, me enerva, me descansa.
Me hace falta.

Me estruja, me punza, me hiere, me nace, me mata; renazco descalza, desnuda sin ansias. Y me hace falta, cómo me hace falta.
Me vulnera, me embriaga, me pervierte, me enrojece, me eleva, me entierra.
Me vibra, me salva.
Me delata.
(Y me encanta) .
Bailar me hace falta

jueves, 13 de mayo de 2010



DOLOR MILONGUERO


Quiero decirles algo a los tangueros y milongueros que andan difamando mi nombre mientras las puertas se me cierran: soy tanguera hasta la médula y no por bailar sola al compás de la música que está ligada al baile en pareja, dejaré de serlo. Sigan diciendo que lo mío no tiene nada que ver con el tango, que se trata de un exhibicionismo barato, que soy una mala influencia para el ambiente y hasta que promuevo el sexo. Que "Así se baila el tango", que "así se baila hoy"; basta!.
Quiero que sepan, si mis noches milongueras no lo ameritan , que no cuestiono el tango como baile social y en pareja, ni me interesa destruirlo como dijo alguno. Lo defiendo, lo persigo, lo disfruto y apuesto a esta danza de la que me embriago con el mayor contacto y deseo posible. El Tango Incomunicado es parte de mi apuesta. Pretende hacerme sentir el vacío del otro, el encuentro conmigo, el desarraigo, el placer de mi baile íntimo, el deseo del abrazo que me falta. Y además de todo esto, me da de comer. No nos perjudiquemos; hay espacio para todos y las propuestas mientras mas variadas más nos abren nuestras cabecitas, ¿no creen?.

miércoles, 5 de mayo de 2010



TANGO NEGRO

Estoy cansada. No me cierran los números. Las ventas disminuyeron y no se de dónde hacerme de clientes nuevos. Las cremas que vendo no se gastan tan rápido, menos los conjuntitos deportivos.
Y hay algo más: lo he hecho con mucho placer porque he tratado de ser muy selectiva a la hora de cobrar por sexo pero quiero seguir eligiendo amantes sin que entren en juego los billetes.
Una persona que habiéndome pagado mucho dinero se tomó la atribución de maltratarme no es imagen para olvidar fácil. Como vista desde afuera, me veo acurrucadita como un trapo viejo, en posición fetal intentando meter la cara entre mis rodillas abrazadas con mis manos mojadas y como pocas veces: frías. Qué necesidad de vivir el placer a costa del displacer de otro. Qué furia la que tenía este hombre de pegarme patadas, con sus zapatos tangueros de puntera blanca y olor a cuero nuevo mezclado con tabaco . Cuánta basura tenía yo encima como para creer que debía permitir, silenciosa, cualquier tormento, que la plata lo valía.
Si me estás leyendo, "milonguero viejo y empresario dedicado a eventos tangueros" ( así te presentaron frente a mi) gracias. Gracias por ser parte de mi miedo, por darme dolor cada vez que te recuerdo, porque este dolor hoy tiene la fuerza para impulsarme a dejar este juego.
Mi analista me lo dijo: lo más caro es pagar con el cuerpo.

(Autofotografía)