sábado, 6 de agosto de 2011

Quedémonos aquí

Ayer trabajé todo el día ( qué fácil es conseguir trabajos denigrantes). Agotada, ojerosa, con ganas de desplomarme en la cama, vencí al cansancio y salí a la calle con mis tacos destruídos a cuestas. No se si descanso mas durmiendo o bailando.
Me siento otra vez viva, roja, loca y también destruidamente sola.
Luego de refregarme, entre mis angustias y deseos en seis tipos, se me vino la noche cuando el dj abandonó la cabina y sonó el silencio. Qué silencio y qué vacío...
Bailé con seis tipos ( y puede que me esté olvidando de algún otro) pero me quedé temblando,con ganas de seguir saboreando emociones indomables que se me despavilaron, con uno solo.
Contados con los dedos de una mano en mi larga trayectoria milonguera, son los desmoronamientos que me sacuden y me dejan tan boba como para pasar a ser tan quedada. Por qué cuando se viene la cortinita musical no arremeter diciendo: "quiero seguir bailando con vos toda la noche hasta reventar, hasta que todo este dolor y este amor salga de mi?; por favor quedémonos aquí".
Al final termino acostándome con quien lo propone, con quien paga y no con quien quiero.
Salí de la milonga sin ganas de salir. Eran casi las 6 y necesitaba alguna distracción para levantar el ánimo. Terminé gastando $112 en un bar donde reinaba la música electrónica que tanto detesto entre unos fernet, una medidita de wisky y un submarino con criollos. Estaba seca al mismo tiempo que húmedos mis ojos, mis muslos, mis labios. Me acordé al pagarle al mozo que había llevado la plata que terminé gastando, para la leche y los pañales de Beba. No me quedó otra: hice el amor imaginándome al milonguero, con tres amigos de veintipico a quienes tenía en la mesa vecina.
Quiero ser yo quien paga por sexo o por mas tiempo de abrazos tangueros!. Nunca mas.

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