lunes, 16 de diciembre de 2013

Verano Porteño


En Buenos Aires tampoco tengo donde caerme muerta pero como no está en mi planes caerme ni morirme, allá vuelvo.  Tal vez porque nací pa´yirar o pa´andar sin tanta comodidad ( aunque tan cómoda tampoco creo he de estar ). No será fácil; hasta costó la decisión pero,  bastó la imagen repetida  de un milonguero yéndose con otra  y otra vez el desamor…Confieso haber estado deslumbrada, haber deseado hombres que ni se me acercaron más que en algún tango. 
A los cordobeses- a muchos los conocés tan fácil. Te muestran todo de entrada, te largan algún chiste, un piropo, te piden teléfono, te invitan a ensayar, te acompañan hasta la puerta de tu casa, se saben todo de vos y ni abriste la boca…Y, con todo eso, no pasa nada ( o si pero , no significa nada mas que un rapto patético). En cambio, rondan otros: más reservados, que al parecer se limitan a conocerte a través del abrazo que dura el tango y ahí perdiste… Porque, si hay piel de por medio qué hacemos?. Por suerte no hacemos nada y resguardamos la pasión pa’ volcarla en otro tango…Pero sabemos- bien sabemos, que la milonga nos cuida para cortar precisamente cuando termina la tanda, para  ir amortiguando en el final del tango los latidos de este corazón que, entre sollozos,  grita tanto amor.
A los dos hombres que tanto me perdieron , que aún en el cansancio de mis noches hicieron que vaya a milonguear con la esperanza de tenerlos pegados a mi pecho. A esos con quienes tanto silencio y encuentro nos unió, les confieso mi amor y la certeza de saber que cada vez que vuelva saldré a buscarlos esperando nos envuelva desnudos el mismo abrazo, la misma pasión.
 
 

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