lunes, 10 de marzo de 2014

Cómo nos cambia la vida

Nadié me llamó, nadie me buscó, convocatorias no encontré, pareja pa´bailar tampoco, teatro pa´actuar menos...Una vez intenté abrir un laboratorio de Tango Incomunicado ( contados con los dedos de una mano los que se acercaron y encima inestables). Me deprimí mal y me las rebusqué de  trabajadora sexual hasta que quedé embarazada. Volví a deprimirme...y a seguir trabajando pero con menos clientes. Ser madre me cambió. Y, con mas tiempo y menos plata, volví a tener ganas de encontrarme. Y me hice un blog y me álivió. Pero había que comer y estaba en tiempos que no quería que me tocaran tanto...que me tocaran mal.
Anduve muerta un tiempo bajo tubos fluorescentes de un hiper,  acomodando bolsas de jabón en polvo. Me irrita todavía pensarme con manos tan sucias oliendo a tan  limpia. Un día largué todo después de haber estado llorando junto a mi locker; previo a eso cómo había  disfrutado de una pelea a trompadas entre dos señores con corbata. Me comieron los bichos un tiempo. No sabía por dónde buscar, si volver a dejarme tocar...
Solo quería estar con niños o con viejos. Y buscaba milonguear con unos cuantos que rondaban los setenta y pico. Y sentí abrazos tan necesarios. Me faltaban los niños aunque tenía la mía a quien por momentos ni la reconocía, me dormía amamantándola, la soñaba tirada, me culpaba soñándola tirada Hice terapia hasta que no la hice más.  Me faltaba plata. Y un día me levanté fuerte, como que podía creerme lo que quisiera y como quería estar entre niños me ofrecí de niñera.  Y me tomaron. Y jugué tanto con niños que me contagié de ganas otra vez. Y volví a creer y a no esperar una maldita nada de nadie. Y ya está, esa es la clave: saberse solo y tocar fondo. Tan potente la luz que te ilumina que te pegás un tiro o salís hecho un tiro!. Y salí a la calle... Y ahí sí que ves las estrellas y tu soledad es placentera cuando se la comparte entera!.

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