domingo, 20 de abril de 2014

A MEDIA LUZ

En el momento de la torta y el champagne ( caí justito en el aniversario) parecía la dulce espera de la muerte misma. El promedio de edad andaba en los setenta y largos y,  las caras mostraban tras un fondo tanguero, la alegría desbordante de estar ahí, perteneciendo a un lugar que hasta se hacía difícil de identificar.  La hora también era complicada de averiguar con tanta cortina tapando las pocas ventanas y las luces violetas provenientes de los tubos fluorescentes me hacían pensar de entrada en la carnicería que tengo a la vuelta de casa. La carne reluce y anda todo podrido...; me contaron que  lavan la carne abombada con lavandina y bajo las luces esas se la ve fresca. ¿Esta iluminación en la milonga  tendrá un fin similar?. Tal vez , porque de hecho parecía una cuidada escena teatral, bella, finamente bella entre hombres de tiradores brillantes y mujeres con peinados rebuscados...Colores variados y definidos. Y,  yo estaba  ahí,tan gris, como tantas veces, en una sillita encontrada en un rincón, casi hasta metida en el sector de guardarropas. 
"Me tengo que vestir mejor"- pensaba tratando de retener las combinaciones de prendas y colores usados por las mujeres tan bien puestas que se abanicaban con lenta seducción,  cautivando a los milongueros de la barra, quienes, con  whisky de por medio,  no dejaban de mirarlas y sonreirles esperando reciprocidad para un cabeceo sin resistencia. 
Consumí todo lo que pude: este finde no me fue tan bien en la calle como para pensar en lujos así que,  unas copitas de champagne no vinieron nada mal. Y entretanto, abrazos y abrazos con milongueros varios. Cómo me gustan los viejos milongueros. Me dan paz. No hay agite, ni aspamento y además hay un pensamiento que me acompaña desde mis inicios como milonguera en la matineé de La Ideal y está relacionado con la confianza. Se que no me desean y esa es una garantía para entregarme por completo, tanto que termino deseándolos yo a alguno de ellos. Pero, da cosita entre tanta caballerosidad y distancia.
Pero, me interrumpieron la calma:  apareció en la mitad de la noche un cincuentón que andaba ofuscado. "Qué hacemos entre tanta gente grande!?"- me decía...Bailé cuatro  tandas completas, me dió su parte sentimental (separado, con hija de 14 años, dueño de una imprenta en Villa del Parque y etc.etc...), me rotuló de mujer romántica y mimosa cuando estuve muy bicha y me mostré  bastante distante...Y, hasta me acarició mi espalda desnuda mientras bailábamos...Ellos intentan aunque una no les de chance?; piensan que nos va a pasar algo si directamente apuestan?; no muchachos, si en lo sutil no hay onda, menos la va a haber si van a los bifes!. 
Me sentí mal y hasta infiel por dejarme acariciar aún disgustándome la situación. Solo pude irme... Partí hacia el baño donde me encontré al fin con una luz blanca  y potente y fue raro: pude ver claridad en el asunto y decidir cambiar de rumbo;  cambié zapatos por zapatillas y volví a encontrarme con mis ansias callejeras...Al frente del Beso, está el Pasaje Discépolo donde tantas mañanitas entre aires barriales me encuentro. Las lucecitas nocturnas lo ponen mas pintoresco todavía!...Lo paseé silenciosa, hasta Lavalle donde me tomé el 24 y enfilé para contrastar,  a abrazarme con chirusos veinteañeros de La Catedral. Mi edad cambia tanto en una noche junto a lo que necesito de abrazos que hay que ir probando...

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