lunes, 13 de octubre de 2014

Chapaleando barro

Mientras te ofrecen en Florida y Lavalle los tours temáticos, mientras los omnibucitos blancos siguen concurridos arribando con gringos a las famosas esquinas porteñas donde les meten shows tangueros hasta por las orejas vaciándoles billeteras, mientras ellas - las chirusas europeas se dan atracones en zapaterías de renombre y desfilan radiantes por las milongas que arden, hay otra realidad tanguera. Tal vez mas austera, tal vez mas serena, con menos aspamento, con tango que aparece desde las entrañas y se vuelca mas honesto en ese abrazo recontra necesitado para seguir respirando y sintiendo que estamos tan vivos en medio de ese tango. Milongas callejeras, milonguitas sin tanta concurrencia, milongueros sin tanta elegante presencia, milongas mas personales como los lugares donde nacen, milongas a la gorra, milongas bajo estrellas, con clases donde nos llaman por nuestro nombre...Milongas donde se persigue un tango integrador, un tango del Interior. Milongas no tan de acá ni tan de allá lejos, milongas de barrio, con milongueros de nuestros diversos extremos. Milongas entradoras, donde el tango entra sin interferencia.


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