lunes, 3 de noviembre de 2014

Soledad

El tango en la milonga me deja bien parada. Me cobija entre su estampa, Por dentro ya sabemos: destrozada y es por eso que está bueno. Sentís la honestidad en ese abrazo y cuando estás a punto del derrumbe, te compone el desapego. Te compone y te destroza. Te compone para afuera. Te destroza para adentro. Y está bueno. 
No está bueno!, es perverso, es mentira esa frialdad que te muestro!. Es romperse en mil pedazos y rehacerse entre otro abrazo. Y buscarlo y no buscarlo. O atajarlo o esquivarlo o vivirlo intensamente si es que aparece. Ya sabemos lo que viene: la posible intimidad, el gustito del deseo, la pasión por otro cuerpo bien parado y destrozado y pegado tan pegado a tu despojo inundado de nada y de todo...Después, ( y sí que me importa del después!) inminente desencuentro y no atreverse a pedir más, a decirle que lo amás. Y cortar, enfriar, jugar a sostener mientras parada volvés a tu pose y vivís el perder...Está bueno?...
Bueno porque ese afuera te interesa, porque no te gusta la idea de que entre un tango te emociones tanto tanto como para depositar tus labios en otros labios, que te emociones tanto como para partirte en llanto, como para insultarlo por haberte dejado...Bueno porque no quisieras terminar agarrando el taco y tajearte la cabeza y morirte desangrada en una pista milonguera. ( no se si no quisiera...).
Hoy prefiero el rincón, el sillón, pero dejame sin abrazo y sin esos otros que sostienen la postura que enaltece. Hoy quiero este techo del cuarto.Y no se en qué devendrá pero no me voy a cuidar. Estoy recontra harta de cuidar el qué dirán. Tango, tango, tango. Y que duela hermoso largo rato. Como sea, como salga, entre risas, llamaradas, carcajadas, hilando lo que venga, atajando cualquiera, no atajando una mierda.



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