domingo, 3 de mayo de 2015

DERROTAS CADENAS

Me senté en una banqueta del costado - como siempre,  en una milonga donde hace mas de una década no pisaba.  Al lado tenía un trío de muchachos que compartían un plato de aceitunas. Me mató el olor. Detesto las aceitunas. Sin embargo, los lugares junto a la puerta tienen su que se yo: estás adentro y, si te agarra un ataque de pánico enfilás rápido a que la  oscura y abrasadora noche te salve.  Y la música en esa milonga suena fuerte. Recontra fuerte. Y está bueno cómo te retumban los sonidos en el pecho.
 De pollera corta, sin medias por supuesto.  No abundaban los milongueros pero, con ver músicos tangueros envueltos entre humareda  bajo luces azuladas iluminando sus rastas me sobraba.  Total, si  quería algún mimito no faltaban gatos refregándose sobre mis tobillos.

Y, la noche con su olor a noche áspera y ajena, se metió hincándome la soledad y la paciencia cuando uno de esos que dicen “ el que toca nunca baila” me tocó dejando huellas. Al final una va a la milonga a que suceda el reencuentro  con uno de esos que hace poco o hace tanto tiempo dejó su marca en tu cuerpo. Algo rota, derrotada  y en cadenas...



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