lunes, 25 de mayo de 2015


PERDÓN 

En la última tanda, cual desesperados, aparece la resaca masculina invitándote a la pista. Y, seré malvada pero, no puedo bailar mi última tanda y tomármela como una tanda más. Es ese olor que me quedará en el después, cuando espere el colectivo un rato largo, es la temperatura de tu mano que guardaré entre la mía, es tu abrazo, el roce de tu mejilla...Y no se si pueda gozar con estirar en el tiempo una sensación que por ahí no es la plenitud de mi noche tanguera. Perdón, perdón por decirles no, por ser pretenciosa, por jugármela en la espera de esos abrazos que una ya conoce y que tal vez no llegan. "Si elegís estar en pareja , es para estar mejor que estando solo" - me dijo una vez mi tutora cuando una tarde le compartí un desamor. Y cuánta razón. En el baile no es tan diferente. . Y, no siempre y entre cualquier abrazo, superás lo que es bailar con tu soledad.


sábado, 16 de mayo de 2015

Contame una historia


Dejámelos así, dejame así: como lejana, como lejanos, como extraños, como sin sabiendo hablar, como olvidándonos de qué era eso. Cortame la lengua, vendame los ojos, y, que suenen tangos. Que venga ese abrazo con ese desconocido que, a los segundos se siente tan cercano, mas que hermano. Que suenen tangos y ya no importa si me encandilás con el frío fluorescente . Estoy en otra, llegué a mi historia...Eso es un tango entre otras cosas: la aparición de tu historia, el encuentro con otra en un abrazo y, el sabor del desarraigo...

domingo, 3 de mayo de 2015

DERROTAS CADENAS

Me senté en una banqueta del costado - como siempre,  en una milonga donde hace mas de una década no pisaba.  Al lado tenía un trío de muchachos que compartían un plato de aceitunas. Me mató el olor. Detesto las aceitunas. Sin embargo, los lugares junto a la puerta tienen su que se yo: estás adentro y, si te agarra un ataque de pánico enfilás rápido a que la  oscura y abrasadora noche te salve.  Y la música en esa milonga suena fuerte. Recontra fuerte. Y está bueno cómo te retumban los sonidos en el pecho.
 De pollera corta, sin medias por supuesto.  No abundaban los milongueros pero, con ver músicos tangueros envueltos entre humareda  bajo luces azuladas iluminando sus rastas me sobraba.  Total, si  quería algún mimito no faltaban gatos refregándose sobre mis tobillos.

Y, la noche con su olor a noche áspera y ajena, se metió hincándome la soledad y la paciencia cuando uno de esos que dicen “ el que toca nunca baila” me tocó dejando huellas. Al final una va a la milonga a que suceda el reencuentro  con uno de esos que hace poco o hace tanto tiempo dejó su marca en tu cuerpo. Algo rota, derrotada  y en cadenas...