viernes, 4 de agosto de 2017





Solo pude ver apenitas el vestido de la bailarina deslizándose cual pantera en medio del ambiente de madera y un marco intenso con los "Herederos del Compás". De  terciopelo negro y espalda descubierta Así era el vestido  que merodeaba sobre una silueta de mujer delicada.  Solo pude ver el principio repetido de una exhibición mas en la pista de una noche milonguera. 
Mi vista atravesaba toda escena para recostarse  a unos 20 metros de distancia. Ahi estaba él: mas lindo que hace 10 años cuando la milonga nos fulminaba juntos entre nuestros cuerpos y esa última tanda llena de inquietos deseos de besos.  Acompañado, dejándose mimar por una mujer de rulos anaranjados  y mirándome desde lejos. Ahí estaba y no podía dejar de verlo
Que ganitas de la tanda siguiente asi a la distancia,  ser cabeceada y volver a escuchar su saludo formal, su fija mirada. su hablar... Pausado,  inquietante, seductor. De los pocos hombres que le escapan a las conocidas poses de este ambiente.

Y , no baile con él . Luego de los aplausos, espere un rato y me dispuse a intentar mirar hacia otro lado.  Y acomodando el sinsabor le pedi a la camarera ahora rubia - la de pelo corto,  un trago fuerte, que tenga menta, que me despierte.

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